niña abrazando a su madre

El tiempo fuera positivo es una de las herramientas más eficaces para la gestión de conflictos de la Disciplina Positiva. En este post te cuento todos sus secretos.

Diariamente nos enfrentamos a situaciones de conflicto con nuestros hijos que, en más de una ocasión, pueden llevarnos a perder la paciencia y desesperarnos. Rabietas, discusiones, malos comportamientos… forman parte del día a día de muchas familias y no siempre se resuelven de la mejor manera.

Pero ¿qué hacer cuando el comportamiento de nuestros hijos nos lleva a un estado de desesperación?¿cómo podemos gestionar una rabieta y enseñar a nuestros hijos sin perder los nervios? La Disciplina Positiva nos ofrece un recurso para poder hacer frente a estas situaciones de una manera eficaz y respetuosa tanto para el niño como para el adulto: el tiempo fuera positivo.

¿Qué es el tiempo fuera positivo?

Se trata de una herramienta de Disciplina Positiva muy útil para resolver conflictos con nuestros hijos y que puede empezar a usarse a partir de los tres años de edad.

En un momento determinado, en el que nuestros hijos se portan mal o si nos encontramos en medio de una discusión, podemos tomar decisiones «en caliente» de las que luego nos solemos arrepentir. El tiempo fuera positivo es un recurso que nos permite calmarnos, superar el estado anímico de hiperexcitación inicial y , desde la calma, reflexionar y corregir el mal comportamiento del niño de una manera respetuosa.

La gran ventaja del tiempo fuera positivo frente a los castigos es que se puede usar a lo largo de toda la vida, incluso cuando somos adultos, y tiene resultados a largo plazo.

niño enfadado

¿Es lo mismo que el rincón de pensar?

Absolutamente no. Lo que se conoce como «rincón de pensar» no es más que un tipo de castigo con el que el niño no aprende nada y sólo sirve para «perderlo de vista» un ratito.

El rincón de pensar consiste en enviar a un niño que ha tenido un mal comportamiento a un lugar apartado, solo y en silencio durante un tiempo que los adultos consideramos suficiente ( un minuto por cada año de edad del niño) con la ilusa esperanza de que el niño por si solo reflexione sobre lo que ha hecho y aprenda una lección.

Pero analicemos bien esto del rincón de pensar. Si partimos de la base de que un mal comportamiento es una decisión mal tomada por parte del niño, es decir, una equivocación ¿es buena idea enviar a alguien que se ha equivocado a un lugar apartado y solo? ¿o tendría más sentido acompañarle y guiarle en su aprendizaje?

Lo que realmente se piensa en el rincón de pensar

Cuando enviamos a un niño al rincón de pensar, en lugar de reflexionar sobre lo que ha hecho mal va a pensar cualquiera de estas otras cosas:

  • «cuando me porto mal no me quieren, porque me apartan de su lado». Este pensamiento es devastador para la autoestima de nuestros hijos. Es fundamental que comprendan que les queremos por lo que son y que nuestro cariño no depende de sus acciones. Debemos corregir y enseñar, pero siempre sobre la base de que les queremos y estaremos a su lado cuando nos necesiten.
  • «me castigan cuando me equivoco, equivocarse está mal«. Equivocarse es una parte más de nuestra naturaleza humana y es fundamental para el aprendizaje. A lo largo de nuestra vida nos equivocamos muchísimas veces y dar una connotación negativa a los errores tan solo va a generar miedo al fracaso. Cada error es una oportunidad de aprendizaje, no un motivo de castigo.
  • «la próxima vez, no me pillarán, haré que no se enteren«. Si cuando un niño se porta mal lo castigamos, la siguiente vez hará todo lo posible para que no le descubramos. Ahora puede no parecer importante, pero cuando sea adolescente y tenga un problema ¿prefieres que tenga confianza plena en ti y te lo cuente o que te lo oculte por miedo a un castigo? La relación con los hijos adolescentes se trabaja desde la infancia.
  • «me han castigado sin motivo, es injusto«. Los niños tienen un sentido de la justicia muy desarrollado. Si, por ejemplo, les mandamos al rincón de pensar porque han roto algo accidentalmente, nos van a percibir como unos adultos injustos y solo conseguiremos crear un resentimiento y rabia hacia nosotros.

Ninguno de estos pensamientos coinciden con nuestro objetivo de que el niño reflexione y aprenda sobre lo que ha hecho mal . Así que, quizás, el rincón de pensar no sea una buena alternativa cuando nuestros hijos tienen un mal comportamiento.

diferencias tiempo fuera positivo y rincón de pensar

¿Por qué necesitamos un tiempo fuera positivo?

Nuestro cerebro es un sistema muy complejo que podemos ilustrar, para entenderlo mejor, como si fueran tres cerebros unidos en uno solo.

Nuestro primer cerebro, el reptiliano, es el más primitivo de todos y es el responsable de mantener nuestras funciones vitales: respirar, hacer la digestión, el movimiento del corazón… El segundo cerebro o límbico es el encargado de controlar nuestras emociones: ira, alegría, enfado, miedo… Por último, en el neocortex o cerebro racional se encuentran las áreas del pensamiento y la consciencia. De una manera gráfica podemos representar estos tres cerebros como si estuvieran dispuestos en capas, uno sobre el otro.

Pero todo esto ¿qué tiene que ver con el tiempo fuera positivo? Pues todo. Cuando un niño se porta mal y nos enfadamos, nuestro cerebro racional se bloquea y «destapa», quedando al descubierto nuestro cerebro límbico. Es en ese momento cuando aparecen los gritos, los castigos y las amenazas.

Además, cuando los adultos entramos en ese estado , en el cerebro del niño comienzan a actuar las neuronas espejo, que imitan el comportamiento del adulto. Si a eso le sumamos que el cerebro racional del niño aun está muy inmaduro y que su cerebro límbico se activa con facilidad tenemos preparada la tormenta perfecta. El niño comienza a llorar, patalear, gritar… y entramos en un círculo vicioso de gritos y rabietas que seguramente te resulte familiar.

Ante este panorama, con adulto y niño sin control sobre su cerebro racional y con el cerebro límbico a flor de piel ¿crees que estás en buenas condiciones para educar a tus hijos?¿piensas que el niño está receptivo para escuchar y comprender lo que quieras enseñarle? Obviamente no.

El tiempo fuera positivo nos permite alejarnos de esa situación de estrés y emociones, calmarnos y recuperar nuestro cerebro racional. Una vez que adulto y niño han vuelto al estado racional, es el momento de reflexionar, enseñar y resolver el conflicto.

Foto de Tatiana Syrikova en Pexels

¿Cómo se hace?

Al igual que muchas otras herramientas de disciplina positiva, el tiempo fuera positivo tiene una fase fundamental para que funcione: la anticipación.

Por este motivo, podemos dividir la mecánica de esta herramienta en dos fases: antes y durante el conflicto.

Antes del conflicto

Este quizá sea el paso más importante de todos: la preparación del espacio. Te explico cómo a continuación.

  • En primer lugar vamos a explicarle al niño que vamos a construir juntos un espacio de calma. Podemos invitarle a ponerle un nombre: espacio feliz, lugar de calma, rincón de la tranquilidad… el que más le guste.
  • Vamos a elegir un lugar agradable de la casa (junto a una ventana, en un rincón de alguna habitación tranquila,…) y le vamos a pedir al niño que nos ayude a decorarlo a su gusto.
  • Podemos poner unos cojines o alfombra en el suelo, algunas fotos bonitas en la pared, cuadernos con mandalas para dibujar, pompas de jabón, un peluche favorito, una pelota antiestrés para apretar con las manos, un frasco o tarro de la calma , algún cuento… Lo importante es que el niño participe en la creación de ese espacio, para que lo considere algo suyo y se sienta involucrado.
  • Debemos explicarle que ese no es un lugar de castigo y que la próxima vez que se sienta con rabia, enfadado o triste puede ir allí y estar el tiempo que necesite (solo o acompañado) hasta que se calme.

Durante el conflicto

Una vez que ya tenemos nuestro espacio preparado solo queda esperar la oportunidad para usarlo. En el momento en que se desate una rabieta o una discusión es cuando debemos invitar (nunca obligar) al niño a utilizar el tiempo fuera positivo.

  • Podemos utilizar frases del tipo « estoy viendo que estás muy nervioso/ triste/ enfadado , ¿te gustaría ir al rincón de la calma para encontrarte mejor?» o quizá «creo que un rato en el rincón de la calma podría ayudarte a sentirte mejor¿te apetece ir?»
  • Si el niño nos dice que no quiere ir podemos preguntarle si quiere que lo acompañemos : «¿te gustaría que fuéramos juntos a nuestro rincón hasta que nos encontremos mejor?»
  • Si aun así el niño se niega, lo ideal sería que el adulto utilizara ese espacio «vale, tu no quieres ir, pero yo sí lo necesito, así que iré yo«. Lo más probable es que el niño nos siga.
  • Una vez que estemos allí podemos hacer multitud de actividades para calmarnos, como dibujar, respirar profundamente, escuchar música relajante, acariciarnos con plumas, darnos masajes en las manos... el objetivo es salir de la situación de conflicto y bajar las pulsaciones.
  • No debemos perder de vista que durante el tiempo fuera positivo no se debe intentar resolver el conflicto. En ese momento las emociones están aun muy a flor de piel y sería como volver al origen de la situación.
  • Una vez que adulto y niño están calmados, es el momento de hablar serenamente y explicarle al niño por qué su comportamiento nos ha disgustado y buscar juntos una solución.

Este recurso también puede ser utilizado por los adultos, por ejemplo en una discusión de pareja o cuando alguna situación cotidiana nos haga explotar y necesitemos cinco minutos (o diez, o quince) de desconexión del mundo para recomponernos.

niña soplando burbujas en tiempo fuera positivo
Foto de cottonbro en Pexels

¿Qué se aprende mediante el tiempo fuera positivo?

El tiempo fuera positivo nos sirve para relajar la tensión en un momento puntual, pero mediante él los niños van a aprender muchas otras cosas:

  • Autocontrol: con este recurso van a conocer su propio cuerpo e identificar sus emociones. Además van a ser capaces de encontrar la forma de calmarse y no dejarse llevar por la impulsividad del momento de enfado.
  • Responsabilidad: es el niño quien tendrá que decidir cuándo quiere utilizar el tiempo fuera positivo, se hace responsable de sus acciones.
  • Resolución de conflictos : en lugar de recibir un castigo o una orden, el niño busca conjuntamente con el adulto una solución al problema.
  • Confianza: el niño aprende que puede confiar en sus padres y hablar con ellos abiertamente sin temor a un castigo.
  • Autoestima: el niño se siente respetado y querido, no es humillado cuando se encuentra triste, enfadado o frustrado.
  • Autoconfianza: los errores son oportunidades de aprendizaje, no motivo de gritos ni castigos.

En definitiva, el niño adquiere mediante el tiempo fuera positivo una serie de herramientas que le serán de gran utilidad a lo largo de su vida adulta.

padre e hija construyendo un espacio de calma
Foto de Tatiana Syrikova en Pexels

La manera en la que resolvamos los conflictos con nuestros hijos no sólo va a determinar la relación que tengamos con ellos en el futuro, si no que les va a servir de ejemplo sobre cómo afrontar los problemas cuando sean adultos.

No podemos olvidar que un niño que se porta mal nos está transmitiendo un malestar o necesidad que debemos atender y que en ese momento se sienten profundamente mal y nos necesitan más que en ninguna otra situación.

Tratarles con respeto y proporcionarles herramientas para poder gestionar sus emociones es una valiosa lección que podemos ofrecerles.

¿Conocías el tiempo fuera positivo? ¿Te animas a ponerlo en práctica? Te leo en comentarios.

¡Gracias por leerme!

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