A menudo escuchamos hablar de crianza respetuosa pero, ¿sabemos realmente lo que significa? En el post de esta semana analizamos las claves de este concepto.

Pudiera parecer que hoy en día está de moda hablar de crianza respetuosa. Hay multitud de información, tiendas especializadas, cursos de todo tipo con un mismo objetivo: ofrecer a nuestros hijos una educación alejada del conductismo tradicional.

Sin embargo, es conveniente desgranar toda esa información para llegar a la esencia del concepto de crianza respetuosa. No sirve de nada llenar una habitación de materiales Montessori o comprar el mejor fular de porteo si perdemos de vista el verdadero significado de criar con respeto.

Entonces, ¿Qué significa «respeto a la infancia»? ¿Cuáles son los pilares de una crianza respetuosa? Seguramente estas preguntas tienen múltiples respuestas, pero en este post quiero compartir contigo los que (para mí) son actitudes indispensables a la hora de criar con respeto.

Los básicos de la crianza respetuosa

Respeto a sus tiempos de aprendizaje

No sé que nos pasa con los tiempos y el desarrollo de nuestros hijos. Parece que hubiera una carrera por ver qué niño aprende antes a andar, comer, hablar, escribir… y así innumerables hitos de su aprendizaje. Y aún peor, establecemos comparativas entre niños distintos, incluso entre hermanos.

Cada niño tiene sus tiempos y (salvo que haya un problema diagnosticado por el pediatra) nos debería dar igual el momento en que nuestro hijo aprende a utilizar el inodoro, multiplicar o hacer ecuaciones de segundo grado.

Además, si forzamos el aprendizaje de un niño que aún no está maduro para cierta actividad solo vamos a conseguir que se frustre y le cueste todavía más conseguirlo.

La infancia es corta, acompañemos a nuestros hijos en su crecimiento y simplemente observemos como aprenden a caminar, hablar, pintar… disfrutando del proceso sin prisas ni agobios.

Respeto a su cuerpo

Manejamos a nuestros bebés a nuestro antojo como si fueran muñecos, y no lo son. Del libro Hacia otro nivel de cuidados, de Janet Lansbury aprendí una gran lección: pedir permiso a mi hijo antes de hacerle nada. Y, aunque al principio me resultaba extraño, funciona.

Decirle a un recién nacido «ahora te voy a echar un poquito de agua templada por la cabeza» o «voy a ponerte un pantalón, primero esta pierna, luego la otra…» en lugar de meterles bajo el grifo o manipular su cuerpo como si no les perteneciera, ayuda a establecer el vínculo, les permite anticipar la situación y aprenden a confiar en nosotros.

Y es una manera estupenda de enseñarles, desde el principio, que su cuerpo debe ser respetado.

Acostumbrarnos a explicarles lo que les vamos a hacer en cada momento (bañarles, limpiarles el pañal, aspirarles los mocos…) incluso cuando pensamos que no nos entienden, va a requerir más tiempo por nuestra parte y un cambio en nuestra forma de comportarnos. Pero, a la larga, el resultado es increíble.

Foto de Tatiana Syrikova en Pexels

Respeto a su salud y bienestar

Durante la infancia de nuestros hijos somos los máximos responsables de garantizar su salud.

Esto incluye las visitas al pediatra, seguir el calendario de vacunaciones y proporcionarles una alimentación acorde a su etapa de vida. Del mismo modo, garantizarles las horas de sueño necesarias y un aseo personal adecuado forman parte de nuestras obligaciones como padres, madres o cuidadores.

Y esto, que parece sencillo a priori, en ocasiones se enfrenta a nuestro estilo de vida, nuestros gustos o nuestras preferencias. Pero, sintiéndolo mucho, la maternidad cambia el orden de prioridades y si se pretende criar de manera respetuosa muchas veces tendremos que renunciar a lo que nos apetece y cambiarlo por lo que nuestro hijo necesita.

Respeto a sus necesidades emocionales y afectivas

Parto de la base de que todos los padres y madres quieren a sus hijos, no lo pongo en duda. Pero como dice la canción « no me quieras tanto y quiéreme mejor».

Pasar tiempo de calidad, escuchar activamente, apoyar, alentar, confiar, abrazar, acompañar, validar, esperar, contener… no se trata de comérnoslos a besos (que también , y mucho). Si no de ser su refugio y su consuelo y de garantizarles un entorno afectivo saludable y en el que se respeten sus emociones y sentimientos.

Y sobre todo, que se les quiera y se respete tal y como son, no como nos gustaría que fueran.

significado de crianza respetuosa
Foto de Katie E en Pexels

Respeto a sus opiniones y decisiones

Esto va a provocar un pitido muy agudo en muchos cerebros, lo sé. Pero cuando un niño dice que no, es que no (con excepciones, que ya os veo venir) y se debe respetar.

Evidentemente hay situaciones que no se pueden negociar (por ejemplo, ponerse el cinturón de seguridad en el coche y otras así). Pero cuando no está en juego la seguridad ni la salud, como a la hora de elegir la ropa que se quieren poner, si no quieren ir a algún sitio o (esto va a doler) si no le quieren dar un besito a algún familiar o conocido, se debe respetar la opinión o decisión de los niños.

Pero, ¿por qué? pues porque si queréis que vuestros hijos el día de mañana sean adolescentes y adultos con criterio capaces de decir «No» a aquellas situaciones que no les gusten o consideren injustas, tienen que aprender a decir que no y practicarlo en su infancia. Tener niños obedientes que dicen que sí a todo es un peligro que debemos conocer.

Respeto a su dignidad

Las redes sociales son maravillosas, pero pueden hacer muchísimo daño. Padres gastando bromas a sus hijos y grabándolo para luego mostrárselo al mundo entero (literalmente a millones de personas) es un atentado contra su dignidad y una falta mayúscula de respeto.

En líneas generales, las bromas solo son tal cuando se ríen las dos partes. Si solo se ríe el que la hace, no es una broma, es un abuso.

Del mismo modo, insultos, comentarios despectivos o ridiculizar a los niños delante de otras personas es una puñalada a la dignidad y autoestima de cualquier persona sea cual sea su edad. Por eso, si queremos ejercer una crianza respetuosa la máxima es muy sencilla: tratar a los niños como nos gusta ser tratados.

Si queremos ejercer una crianza respetuosa la máxima es muy sencilla: tratar a los niños como nos gusta ser tratados. Clic para tuitear

La crianza respetuosa en ocasiones puede resultar complicado de enmarcar en nuestro estilo de vida y sociedad, pero los beneficios para el desarrollo de nuestros hijos es notable.

Cambiar nuestras creencias y hacer un cambio de mirada puede suponer un esfuerzo pero también un viaje increíble acompañando la infancia de los que más queremos.

¿Qué significa para ti criar desde el respeto? Te leo en los comentarios.

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