El postparto es una etapa crucial en la vida de las madres recientes. Sin embargo, en ocasiones, no recibe la atención que se merece. En este post vemos los cuidados más importantes que necesita.

Postparto, puerperio, cuarentena, cuarto trimestre… son algunos de los nombres que recibe una de las etapas más difíciles de la maternidad. A las secuelas físicas y psicológicas del embarazo y el parto se une la presencia de una nueva personita que reclama toda tu atención, por lo que en muchas ocasiones nos podemos sentir abrumadas y olvidar nuestros propios cuidados.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, para cuidar a otros primero tenemos que estar bien nosotras, así que aquí te traigo la primera entrega de una guía con los principales cuidados que toda mamá debería tener en cuenta en el postparto. ¿Te interesa? ¡Adelante!

cuidados en el postparto
Foto de Jonathan Borba en Pexels

Cuidado de heridas y puntos

Tipos de heridas

Dependiendo del tipo de parto que hayas experimentado, tus heridas y cicatrices van a ser distintas. Cada parto es distinto, y van desde alumbramientos en los que no hay ni siquiera desgarro a cesáreas, pasando por distintos grados de intervenciones como episiotomías, empleo de fórceps, ventosas, etc…

En todos los casos hay una máxima a cumplir: mira tu herida. Hay muchísimas mujeres que por vergüenza o miedo no se atreven a mirar su herida o sus puntos de sutura, sobre todo si se trata de un parto vaginal. Seguramente si tuvieras una herida con puntos en el brazo o la pierna no tendrías reparo en mirarla minuciosamente, así que hazte con un espejo y no tengas miedo a observar detenidamente cada uno de los puntos o heridas que el parto te haya provocado.

Esto es fundamental para que detectes rápidamente si algún punto se ha infectado, supura o está más inflamado y poder recibir asistencia médica. Además, va a ayudarte a reconocer tu cuerpo y quitarte muchas inseguridades.

Limpieza y desinfección

Todas las heridas y suturas deberían limpiarse diariamente con agua y jabón, por ejemplo en el momento de la ducha, y preferiblemente con la mano puesto que las esponjas pueden engancharse en los puntos o grapas. Tras el lavado, hay que secar la herida con una gasa realizando ligeros toques sobre ella, sin arrastrar. El uso de toallas se desaconseja porque pueden dejar restos de tejido sobre la sutura.

En el caso de desgarros vaginales o episiotomías, hay que tener especial cuidado con la suciedad y la humedad. Es recomendable hacer un máximo de 2 lavados diarios y siempre realizar desde la vagina hacia el ano (de delante hacia atrás), para evitar que las bacterias pasen a la vagina. No es recomendable realizar lavados vaginales internos ni sumergirse en bañeras.

El jabón es el mejor desinfectante que existe y es suficiente para mantener tu herida limpia. En el caso de que quieras usar alguna solución antiséptica debes tener la precaución de evitar los antisépticos yodados, puesto que el yodo puede pasar a la leche materna y ser perjudicial para tu bebé.

Signos de alarma

En ocasiones, a pesar de todos los cuidados, pueden surgir complicaciones. Si observas cualquiera de los signos que te detallo a continuación, es imprescindible que pidas cita con tu médico o matrona para que examine la herida.

  • Suturas o grapas desprendidas o que se han movido
  • Mal olor
  • Supuración
  • Dolor excesivo
  • Enrojecimiento y/o calor en algún punto

Una vez más, es imprescindible que diariamente miremos y palpemos nuestra herida para comprobar si hay alguno de estos cambios y poder acudir al profesional sanitario cuanto antes.

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Imagen de Sylvie Tinseau en Pixabay

Revisiones médicas

Uno de los principales cuidados básicos que vas a tener que realizar en el postparto son las revisiones médicas. Estas revisiones tienen como objetivo comprobar que tu cuerpo vuelve a la normalidad tras el parto y que tu salud no se ha visto afectada.

Cuándo y con quién

Al salir del hospital te informarán de las citas de revisión que debes pedir, en función de tu historial de salud y las características del parto. Como norma general hay dos revisiones básicas y muy importantes: con la matrona y con ginecología.

La revisión con la matrona se realiza a los 10 días del parto aproximadamente. En ella te hará un reconocimiento para valorar la involución del útero y la diástasis abdominal, el estado de la sutura (retirando los puntos o grapas si es necesario) y te asesorará sobre cualquier duda que tengas sobre los cuidados del bebé o la lactancia. También realizará una primera valoración sobre el estado de tu suelo pélvico tras el parto.

La revisión con el especialista en ginecología suele realizarse al mes y medio del parto, pasados 40 días. En esta revisión se hace un examen de todo el aparato reproductivo y el estado general de la madre. Además, es el momento de plantearse la utilización de métodos anticonceptivos si no quieres quedar embarazada nuevamente de manera inmediata.

Es importante recordar que la lactancia materna no supone un método anticonceptivo fiable y que la mujer puede volver a ser fértil antes de que aparezca la primera menstruación tras el parto. Se pueden optar por métodos físicos (como el preservativo) u hormonales (píldora o anillo). En el caso de elegir los anticonceptivos hormonales, será el especialista quien te recomiende cuál debes usar, puesto que no todos son compatibles con la lactancia materna.

No te quedes con dudas

¿No te ha pasado que vas al médico con un montón de dudas y al llegar a la consulta te bloqueas y se te olvidan? A mi muchísimas veces. Por eso es super importante que antes de ir a alguna de estas revisiones apuntes en un papel todo aquello que quieras preguntar, para evitar olvidos y que puedas recibir toda la información que necesitas.

Foto de Marcin Jozwiak en Pexels

El suelo es la base

El suelo pélvico una de las zonas que más cuidados va a necesitar en el postparto y, sin embargo, uno de los grandes olvidados de nuestra anatomía. De hecho, gran cantidad de mujeres no saben lo que es o no han oído hablar de el hasta el momento del embarazo o, peor aún, después del parto. Esto se debe en parte al tabú que envuelve la anatomía íntima de la mujer, el desconocimiento por parte de (cada vez menos) profesionales sanitarios y la creencia generalizada de que algunos problemas asociados al suelo pélvico son «normales».

¿Qué es el suelo pélvico?

Se trata de un conjunto de músculos que tapiza la parte inferior de la pelvis y que sirven de soporte a la vejiga, uretra, recto, ano, útero y vagina. También tienen una función muy importante a la hora de controlar los esfínteres de la orina y las heces. Además el suelo pélvico juega un papel fundamental en el desarrollo del parto y en la relaciones sexuales.

Te recomiendo que veas este vídeo, en el que se explica de manera muy clara y sencilla qué es el suelo pélvico y sus principales funciones.

¿Cuándo empezar a cuidarlo?

Pues esta es la parte más importante y en la que fracasamos estrepitosamente, yo incluida. El suelo pélvico debería comenzar a fortalecerse y trabajarse desde la adolescencia para prevenir problemas en el futuro.

Sin embargo, hoy en día la gran mayoría de mujeres comienzan a prestar atención a esta parte de su anatomía durante el embarazo, tras el parto o, en muchas ocasiones, cuando ya existe una lesión en el suelo pélvico que les produce síntomas o malestar.

Por este motivo, ponerse en manos de un profesional durante el embarazo es fundamental para afrontar el parto y postparto con un suelo pélvico fuerte y elástico, que nos evitará muchos problemas en el futuro.

Síntomas de que algo va mal

Es posible que hayas escuchado a tu madre o abuelas relatar que desde que fueron madres sufren pérdidas de orina como si fuera algo normal. También habrás visto anuncios en televisión sobre compresas para retener esas pérdidas y puede que pienses que es una condición normal en mujeres a partir de cierta edad.

Bueno, pues no, no es normal. La incontinencia urinaria o fecal es uno de los principales síntomas de que hay un problema en el suelo pélvico que requiere atención.

Sin embargo, existen otros signos de alarma que también debes conocer :

  • Sensación de pesadez o dolor en la vagina.
  • Ver o sentir un «bulto» en la entrada de la vagina..
  • Tener dificultades o dolor al orinar.
  • Infecciones de orina o cistitis recurrentes
  • Tener pérdidas de orina al toser, estornudar o hacer algún esfuerzo.
  • Estreñimiento.
  • Dificultad para controlar las heces o los gases.
  • Dolor en las relaciones sexuales.
  • Sentir necesidad urgente o frecuente de orinar.
  • Dolor en la zona lumbar, pélvica, genital o en recto. 

Ante cualquiera de estos síntomas debes ponerte rápidamente en manos de un profesional para obtener un diagnóstico y poder iniciar el tratamiento lo antes posible.

¿Cómo solucionarlo?

Ante una sospecha de alteración en el suelo pélvico lo primero es acudir a un especialista. Por desgracia en nuestro sistema sanitario público aun hay pocas unidades especializadas y pueden pasar meses hasta que consigas que te den una cita. Por este motivo, muchas mujeres optan por profesionales privados, mucho más accesibles y sin listas de espera.

En cualquier caso, los profesionales más capacitados para tratar estos problemas son los ginecólogos y los fisioterapeutas rehabilitadores de suelo pélvico. El especialista en ginecología será el encargado de examinar interna y externamente el suelo pélvico para determinar si hay lesiones y el alcance de las mismas. Los fisioterapeutas, por su parte, pueden hacer una valoración de la fuerza y funcionalidad de los músculos que forman el suelo pélvico y planificar un plan de acción para rehabilitarlo.

Existen muchos métodos y aparatos para trabajar y fortalecer el suelo pélvico, como electroestimuladores, troncos de propiocepción, pesarios o insufladores. Igualmente, ciertos ejercicios como las contracciones de Kegel y los abdominales hipopresivos son de gran ayuda para prevenir y tratar estas dolencias. Cada paciente necesita un tratamiento adecuado para su problema, de modo que una vez más serán los profesionales los que deben indicarnos las pautas a seguir.

Foto de JESHOOTS.com en Pexels

Nutrición durante el postparto

El puerperio no solo es una fase de recuperación en la que tu cuerpo debe volver a su estado tras haber pasado por una gestación y un parto, sino que además durante este periodo va a tener que fabricar el alimento más completo para tu bebé: la leche materna.

Es por ello que dentro de los cuidados básicos en el postparto, la nutrición juega un papel fundamental. Ingerir alimentos saludables y variados van a permitir que nuestro cuerpo cicatrice y se recupere con más facilidad, nos va a dar energía para adaptarnos a los cambios que se producen a nuestro alrededor y facilitará una lactancia exitosa.

Aunque cada caso debe ser evaluado individualmente, a continuación te dejo una infografía con consejos generales sobre alimentación en el postparto aplicables a todas las mamás recientes.

El postparto es una etapa muy demandante tanto física como emocionalmente para las madres. Recibir unos buenos cuidados (y aprender a autocuidarse ) es fundamental para poder disfrutarla como se merece.

¿Cómo viviste tu postparto? ¿Pudiste dedicar tiempo a cuidarte?

En el próximo post abordaremos la segunda parte de esta guía de cuidados básicos del postparto, que espero que te esté resultando interesante. ¡Gracias por leerme! Y recuerda que puedes contarme tu experiencia en los comentarios.

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