El lado oscuro de la maternidad

La maternidad es una experiencia maravillosa. Pero tiene un lado oscuro del que pocas veces se habla. En este post analizamos todo aquello que llega (y lo que se marcha) cuando tenemos un bebé.

Como bien sabes ya, este es un blog de maternidad y crianza. En él intento ayudar a otras mujeres a que vivan su maternidad de una manera más sencilla y feliz. Sin embargo, hoy quiero dedicar esta entrada a aquellas mujeres que estén indecisas, mostrándoles el lado más oscuro de la maternidad, lo que no sale en las cuentas de Instagram, de lo que nadie quiere hablar.

Lo hago porque creo que la maternidad es una decisión muy importante (seguramente la más importante) que debe ser tomada con responsabilidad. Así que, si estás pensando en tener un bebé, te animo a leer a continuación . Reflexiona serenamente y si no te ves capaz de hacer frente a lo que te voy a contar…no tengas hijos.

Y en el caso de que ya los tengas, sirvan estas palabras como reconocimiento y agradecimiento a todo lo que haces (hacemos) día tras día, casi de manera invisible, por nuestros hijos.

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Tu vida entera va a cambiar

Pretender llevar la misma vida que llevabas antes de ser madre es una ilusión. Desde luego que podrás mantener tu vida social (o al menos una parte), hacer viajes o realizar cualquier otra actividad con tus hijos, pero nunca será igual.

Tu lista de prioridades, tu economía, tu estructura familiar, tu relación de pareja, tu sexualidad…todo va a cambiar con la llegada de un hijo. Con un poco de suerte, y mucho esfuerzo, conseguirás que tu vida de madre se parezca lo más posible a tu vida anterior, pero nunca conseguirás que sea la misma.

Así que prepárate para ser flexible, para darle la vuelta a tu mundo una y mil veces, porque un hijo lo cambia todo.

Se va a transformar tu cuerpo…

¿Has visto esas mujeres en las revistas que tienen 3 hijos y posan en bikini con un vientre plano y el pecho firme? Pues olvídate, no existe. Salvo en contadas excepciones, mujeres agraciadas con una genética excepcional, muchas horas de gimnasio y algún retoque estético, el común de las mortales perdemos nuestro cuerpo tras el embarazo y el parto.

No me refiero exclusivamente a la figura o los kilos extra. Hay mucho más. Los problemas del suelo pélvico (incontinencias, prolapsos…), la diástasis abdominal, adherencias, varices, hemorroides… son algunas de las secuelas que en muchas ocasiones acompañan de por vida a muchas madres. Por supuesto que muchas tienen tratamiento y otras se pueden prevenir, pero al final no debemos olvidar que las que ponemos el cuerpo para que crezcan nuestros hijos somos nosotras, y eso implica unos riesgos.

Es parte del sacrificio de tener hijos, del que se habla poco pero que muchas mujeres sufren, y que debes tener en cuenta a la hora de prepararte para una maternidad.

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…y tu cerebro

Un estudio publicado en Nature neuroscience (lo puedes leer aquí) demostró que en el embarazo se producen cambios estructurales en el cerebro de la mujer. Y que esos cambios perduran en el tiempo a largo plazo.

Al parecer se trata de una estrategia evolutiva para prepararnos para la maternidad, puesto que se desarrolla la empatía y otras actitudes positivas para la crianza.

Pero además de esto, podras observar que te vuelves más despistada, que no piensas igual que antes, incluso que tu forma de expresar sentimientos ha cambiado. Nuestro cerebro cambia, se vuelve un cerebro de madre.

La conciliación laboral y otros cuentos

Tu, que tanto has estudiado, te has formado durante años, has desarrollado una carrera profesional con mucho esfuerzo y dedicación, vas a ser penalizada laboralmente por ser madre.

Por desgracia en este país las medidas de conciliación laboral son insuficientes y en muchos casos lo que finalmente consiguen es apartar a la mujer del terreno profesional y hacerla renunciar, bien a su proyección profesional o bien a vivir la maternidad del modo que desearía.

Te animo a que leas los 13 obstaculos para la conciliacion del Club de las Malasmadres, un análisis muy completo de este lado oscuro de la maternidad. Aún queda mucho trabajo por hacer para conseguir medidas de concilicación reales, efectivas y no discriminatorias.

Seguiremos luchando. Por nosotras y por nuestras hijas, para que ninguna mujer tenga que volver a elegir entre su carrera profesional y vivir plenamente su maternidad.

conciliar es el lado más oscuro de la maternidad
Imagen de innerwhispers en Pixabay

Super woman no existe

Vas a tener que pedir ayuda. Es imposible llegar a todo.

Delegar es una de las palabras mágicas de la maternidad. Tu pareja, familia, amigas, vecinas…criar es un trabajo en equipo. Y si quieres mantener tu salud física y mental, tendrás que dejar colgada la capa de super heroína y admitir que necesitas una ayudita para poder (o al menos intentar) sobrevivir al día a día.

Aquí cobra especial importancia el concepto de corresponsabilidad. Salvo gestar, parir y amamantar, no hay ninguna tarea relacionada con la crianza que no puedan hacer los padres de las criaturas. El reparto equitativo de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos no solo es fundamental para el funcionamiento de la familia, sino también para el bienestar de la pareja.

Pero ¡cuidado! No te dejes llevar por el sentimiento de culpa que casi siempre aparece cuando delegamos. La maternidad no es una competición, no hay un premio a la mejor madre. El premio es ser feliz y disfrutar de cada momento, independientemente de que haya un montón de ropa por lavar o que se nos haya olvidado la cita con el pediatra,.

Mi reino por una siesta

Dormir está sobrevalorado. Eso me digo a mí misma para autoconvencerme.

La última vez que dormí del tirón aun no estaba embarazada. Durante el embarazo el insominio, las ganas de orinar, los calambres en las piernas, la acidez de estómago y las pataditas del bebé hicieron que dormir fuera una tarea imposible.

Tras el parto, la cosa no mejora. Los primeros meses son duros: tomas de leche, cólicos, gases, salida de dientes… casi todo sucede por la noche. Y cuando el bebé duerme plácidamente el instinto de madre te despierta sobresaltada cada 3 horas para comprobar si respira, tiene frío o ha sido raptado por alguna fuerza sobrenatural. El cerebro materno funciona así.

Estudios recientes aseguran que los padres tardan 6 años en recuperar el sueño perdido. Bien, espero paciente a que llegue ese momento. Mientras tanto aprovecho cada ocasión para descansar y echar mini siestas que me ayuden a sobrellevarlo.

Y por cierto, a los que me decían «aprovecha para dormir cuando duerma el bebé» tengo una cosa que decirles: no funciona. Estoy convencida de que mi bebé tenía un sensor oculto que detectaba dos situaciones: madre-dormida y madre-comiendo. Automáticamente se despertaba y comenzaba a llorar.

Una vez más, delegar puede ser la solución para hacer frente a este lado oscuro de la maternidad.

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No te dejes de querer

Ser madre es duro. Es una prueba de resistencia, como una maratón. Se trata de un viaje largo, donde cada día se plantean nuevos desafíos, donde cada situación es distinta a la anterior. Y corres el riesgo de agotarte.

Incluso cuando a los días les falten horas, cuando las noches parezca que no tienen fin , encontrar un hueco para cuidarte y quererte es sinónimo de supervivencia.

Es muy fácil dejarse arrastrar por el instinto de cuidadora y anteponer todo a nosotras mismas. Los hijos, el trabajo, la pareja, la casa, la familia, la vida social, para todo hay tiempo, pero …y para nosotras ¿cuándo?

Conocer este peligro es fundamental para no dejarse caer en la trampa. Así que antes de encontrarte completamente exhausta, enfadada con el mundo y al borde del colapso, conviene aprender a reconocer las señales de cansancio, detenerse y anteponernos a todo lo demás.

Hay muchísimas tareas por hacer a lo largo del día, pero seguramente la gran mayoría de ellas puede esperar. Recuerda que si tu no estás bien no puedes cuidar a los demás. Y dedicarse momentos de autocuidado van a marcar la diferencia entre disfrutar o sufrir la maternidad.

Vas a ser juzgada

¿Tu crimen? Ser madre.

Si das teta, si no la das. Si porteas, si no. Si eres antipantallas o si usas los dibujos para calmarle. Si no le das azúcar o si le das gusanitos para merendar. Si colechas o duermes en otra habitación. Si te incorporas al trabajo o sin te quedas en casa. Da igual, hagas lo que hagas, está mal.

Ahí fuera hay una legión de opinologos dispuestos a recordarte lo mala madre que eres y (por supuesto) a enseñarte cómo debes criar a tus hijos.

Así que ármate de paciencia y un arsenal de contestaciones ingeniosas porque da igual la experiencia que tengas, tu formación o el número de hijos… siempre va a haber alguien con la imperiosa necesidad vital de darte su opinión y juzgar tu actuación como madre.

Y por cierto, tan solo tu, mujer, serás juzgada por estas decisiones. Porque para el opinólogo estándar el padre no intervienen en las decisiones sobre la crianza y queda exento de toda culpa. Maravillas de la naturaleza …

Prepárate para lo peor, espera lo mejor

Si tuviera que elegir una frase que definiera la maternidad es esta: nada es como esperabas.

Tendemos a idealizar en nuestra cabeza el embarazo, el parto, la crianza…y la realidad se nos muestra una y otra vez totalmente distinta. A veces mejor, otras peor, pero casi nunca como la imaginábamos.

Pérdidas gestacionales, infertilidad, embarazos con problemas, nacimientos prematuros, partos complicados, lactancias que fracasan, depresión postparto, hijos con necesidades especiales … están ahí. Y que la sociedad les de la esplda o se silencien por ser «tabú» no va a hacer que desaparezcan.

Ojalá nunca sucedieran, pero son situaciones que forman parte de la naturaleza de la maternidad, probablemente el lado más oscuro. Y cuanta más información tengamos más sencillo serán de afrontar.

No se trata de vivir con miedo por lo que pueda pasar, sino de tener las herramientas preparadas por si llegado el caso las necesitamos.

Visibilizar, concienciar y normalizar todas estas situaciones van a quitarnos la enorme losa de la culpa, el desconocimiento y la incomprensión. Y harán que todas las mujeres que a lo largo de su vida se topen con alguna de estas realidades se sientan más fuertes y preparadas, pudiéndolas vivir sin miedo y sintiéndose arropadas.

el lado oscuro de la maternidad
Photo by Jennifer Murray from Pexels

Pero entonces ¿merece la pena ser madre?

Si, y mil veces si. Esto es solo el lado oscuro de la maternidad. Pero hay muchísimo más.

Todas las horas de sueño robadas, los problemas, las secuelas del parto, las dificultades económicas, el desafío de la conciliación, todo, todo, queda compensado con la llegada de un hijo.

Nada puede compararse al orgullo de verles crecer, la alegría de compartir sus primeros logros y la serenidad de sentirse testigo de la creación de la vida delante de nuestros ojos.

En este post no he querido transmitir que la maternidad sea un sufrimiento, si no poner sobre la mesa la parte más dura de esta tarea, con el convencimiento de que conocer ese lado oscuro nos preparará para vivir la maternidad de una manera más plena y feliz.

La maternidad nos pone contra las cuerdas en muchas ocasiones, pero aun así, no me arrepiento ni un solo momento de haberme embarcado en esta trepidante aventura. Si tuviera que decir cual ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida, no tendría ninguna duda: ser madre.

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