Contribuyo con este post al Carnaval de Experiencias que propone Madresfera y esta primera entrega está dedicada a un sentimiento casi universal ligado a la maternidad: La Frustración.

Una de las experiencias que toda madre primeriza va a sufrir, tarde o temprano, es la presión de los «opinólogos». Y puede ser una fuente de frustración inagotable.

Los opinólogos son aquellas personas que, seguramente con buena intención, nos dan consejos, recomendaciones o aleccionamientos sobre como criar a nuestros hijos, pero que lejos de ayudarnos, solo nos generan más incertidumbre y frustración.

Luego, como subgrupo, nos encontramos con una minoría de opinólogos que, además, tienen mala intención. Afortunadamente son los menos, pero a veces te los encuentras.

Amigos, vecinos, familiares, compañeros de trabajo… todo el mundo tiene una opinión sobre cómo deberías criar a tus hijos y, al parecer, una necesidad incontrolable de decírtelo. Aunque tú no les hayas preguntado. Incluso perfectos desconocidos.

Recuerdo un señor que en el autobús se empeñó en que tenía que quitarle el chupete a mi bebé, que por aquel entonces debía tener unos 6 meses. Estuvo todo el trayecto dándome la charla sobre cómo y por qué tenía que hacerlo. ¡Una tortura!

frustración y maternidad
pixabay

¿Por qué producen frustración?

Partimos de la base de que todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos y que haríamos cualquier cosa por ellos. Todas buscamos que nuestros hijos estén sanos, se desarrollen bien, coman adecuadamente y sean todo lo felices que puedan.

Cuando otra persona pone en duda o cuestiona lo que estás haciendo, rápidamente saltan todas las alarmas en nuestro cerebro: ¿estaré poniendo en peligro la salud de mi hijo por portearle? ¿se estará quedando con hambre solo con el pecho? ¿ seguirá queriendo dormir en nuestra cama cuando tenga 22 años?

Si a eso le sumamos la inexperiencia, el revuelto de hormonas y la ausencia de una tribu que sirva de soporte y sustento a la crianza, nos encontramos con niveles de frustración difícilmente tolerables.

Recuerdo que, cuando mi bebé era muy pequeño, llegaron a decirme, en una sola tarde «le estás dando demasiado pecho, le va a sentar mal» y «no le estás dando suficiente, tiene hambre». En una sola tarde. ¿Es o no es para frustrarse?

Bromas aparte, todos esos comentarios, repetidos una y otra vez, van a generar una angustia y ansiedad en las madres (sobre todo primerizas) de la que es muy complicado evadirse. Es casi inevitable sentir frustración ante las críticas de propios y extraños sobre un asunto tan importante como es la crianza de los hijos.

pixabay

Controlar a los opinólogos es fácil si sabes cómo

Para hacer frente a estos consejos o comentarios , normalmente no solicitados, hay un montón de herramientas que podemos utilizar. Quizá en un primer momento lo que te pida el cuerpo es mandarlos muy (pero que muy) lejos , pero hay otras estrategias menos drásticas. Aquí van algunas:

Sonreír e ignorar

Esta es la opción más políticamente correcta y la que yo, personalmente, más empleo. Es la fórmula ideal cuando no puedes mandar al opinólogo en cuestión a freír espárragos y te permite salir airosa de una manera educada, Simplemente se trata de poner tu mejor sonrisa y decir «muchas gracias por tu consejo, lo tendré en cuenta«. Y después seguir con tu vida y tu crianza como si tal cosa.

Sentido del humor

Se podría resumir como «a preguntas estúpidas, respuestas absurdas». Por ejemplo, a la pregunta de «¿todavía le das el pecho? ya no debes de tener leche» puedes contestar «no, ahora me sale granizado de limón«. O al comentario de » no deberías cogerle tanto en brazos, que se malacostumbra» puedes responder «también se está «malacostumbrando» a que le lave la ropa y no te parece mal«. Mi recomendación es que este recurso lo emplees solo con personas muy cercanas a ti o con las que tengas mucha confianza. Tampoco se trata de entrar en guerra con nadie.

Debatir

A mí esta herramienta me agota, pero reconozco que es muy efectiva. Nadie sabe mejor que tú por qué haces las cosas. Y seguramente te has documentado, informado, consultado y estudiado todo lo estudiable antes de decidir como alimentar, criar o educar a tus hijos. Así que puedes usar todos esos conocimientos a tu favor. Por ejemplo, cuando alguien se escandalice porque amamantas a tu peque de 3 años, puedes sacar a la palestra la infinidad de estudios científicos que recomiendan la lactancia materna prolongada.
Aunque, te advierto, normalmente los opinólogos no suelen cambiar de postura fácilmente, así que puede que, después de mostrar todo tu arsenal de conocimientos, te suelte un «pues toda la vida se ha hecho así» que te deje fría.

Confía en ti

De verdad, sigue tu instinto. Escucha las señales de tu hijo/a, analiza tus sentimientos, valora las distintas opciones y, al final, elige lo que sientas que es lo mejor para los dos. Nadie mejor que tu sabe qué necesita tu pequeño/a. Y cuando alguien te diga que no se hace así puedes decir algo como » puede que tengas razón, pero creo que estoy haciendo lo correcto«. Y ya está.

Autocuidado y tribu

Para mí el autocuidado es la pieza clave para hacer frente a la frustración. Quererse, cuidarse, mimarse a una misma. Para no dudar, para confiar en tu sabiduría y mantenerte firme en tus decisiones. Recuerda que para poder cuidar, primero tienes que estar bien tú.
Cuidarse para poder cuidar.
Además, rodearse de otras madres que te puedan alentar sin juzgar, darte apoyo y experiencia, sin sermones ni aleccionamientos, te va a permitir tener toda la confianza que necesitas. Los grupos de crianza o de apoyo a la lactancia son espacios donde se ponen en común las vivencias y sirven para encontrar un referente seguro y sin frustración.

Asúmelo

Cualquier decisión que tomes va a ser cuestionada. Si das pecho o biberón. Si destetas pronto o tarde. Si llevas carrito o mochila. Si haces BLW o das papillas. Si te incorporas al trabajo o si pides excedencia. Si haces colecho o duerme en otra habitación. Y así hasta el infinito. Siempre habrá alguien a quien le parezca mal. Así que está en tu mano decidir cuánta energía vital quieres gastar en discutir.

pixabay

A veces es difícil evadirse de los comentarios de los demás, pero no tiene mucho sentido confrontarse ni enemistarse. Tan solo intentan ayudarnos, aunque la forma no sea la adecuada y consigan todo lo contrario. Por eso, si somos capaces de tomarlos con humor y sosiego podremos evitar sentir tanta frustración.

Quiero terminar este post mandando un mensaje a todas las madres, especialmente a las primerizas. Tranquila, todo va a salir bien. Lo estás haciendo bien.

Gracias por leerme y a Madresfera por brindarnos la oportunidad de participar en este Carnaval de Experiencias.

¿Te ha gustado?

Haz click en las estrellas para valorar

Promedio de puntuación 5 / 5. Vote count: 7

Sé el primero en votar

As you found this post useful...

Follow us on social media!

We are sorry that this post was not useful for you!

Let us improve this post!

Tell us how we can improve this post?