La comunicación no violenta es una herramienta para mejorar la relación con nuestros hijos desde el respeto y la empatía. Sin embargo, se encuentra con una serie de obstáculos que debemos conocer.

Muy a menudo, y especialmente cuando hablamos de la relación entre padres e hijos adolescentes, la comunicación es uno de los grandes caballos de batalla.

«Es que no me escucha», «Se lo tengo que decir mil veces y no me hace ni caso», «Parece que hablo en chino», son frases que madres y padres decimos y escuchamos con frecuencia. Normalmente estas afirmaciones corresponden a situaciones cotidianas que nos pueden hacer desesperar.

Tradicionalmente, la comunicación se entiende que está formada por tres elementos: un emisor, un mensaje y un receptor. Esto estaría muy bien, por ejemplo, para que mi PC se comunique con mi impresora.

Pero cuando se trata de personas, y más concretamente, de las relaciones afectivas o familiares, hay componente adicional que marca la diferencia entre el éxito o el fracaso de la comunicación: la emoción.

Y es justo ahí donde la comunicación no violenta supone una herramienta de gran valor.

¿Qué es la comunicación no violenta?

La comunicación no violenta se define como aquella en la que el lenguaje empleado no hiere ni ofende ni a los demás ni a nosotros mismos. Y esto incluye tanto lo que decimos (las palabras que utilizamos), como lo que no decimos (hay silencios que dicen mucho) y la manera en que lo decimos (nuestro tono de voz, nuestra mirada).

Este modelo fue definido por el psicólogo estadounidense Marshall Rosenberg a mediados del siglo XX y tiene aplicación no solo en el ámbito familiar, si no también en la pareja o en el trabajo.

En definitiva se trata de crear un sistema de comunicarnos que permita satisfacer las necesidades de cada uno a través del respeto y la empatía.

Pero antes de aprender a practicar la comunicación no violenta, debemos conocer e identificar los obstáculos que tiene. Y no son más que la forma cotidiana de hablar que hemos heredado y que impiden que podamos conseguir nuestros objetivos.

Una vez que conozcamos estos obstáculos, será mucho más fácil empezar a comunicarnos de manera no violenta.

La comunicación no violenta se define como aquella en la que el lenguaje empleado no hiere ni ofende ni a los demás ni a nosotros mismos. Clic para tuitear

es importante saber comunicarse con los hijos
Foto de Ketut Subiyanto en Pexels

¿Cuáles son los 12 obstáculos a la comunicación no violenta?

Para analizar estos doce obstáculos vamos a ilustrarlos con un ejemplo, para que se comprendan mejor y sea más divertido. Podemos imaginarnos una situación en la que nuestro hijo/a nos trae una nota del colegio en la que el profesor nos informa de que lleva toda la semana sin entregar sus tareas.

¿Cuáles son las estrategias que solemos emplear la mayoría y que suponen un obstáculo para la comunicación? Vamos a verlas.

Mandar, ordenar

«Vete ahora mismo a tu cuarto y no salgas hasta que termines todos los deberes»

Con esta estrategia estamos pasando por alto las causas de su comportamiento (¿por qué no ha entregado sus tareas?¿tiene algún problema?) y rompiendo cualquier posibilidad de comunicación más adelante. Además vamos a generar una sensación de injusticia en nuestro hijo que va a traducirse en frustración y resentimiento.

Amenazar

«Si no haces tus tareas vas a estar castigado todo un mes»

Lanzar un desafío a nuestros hijos, especialmente en la adolescencia, no es muy buena idea. Solo vamos a conseguir que se pongan a la defensiva y se cierren a contarnos nada más. Además, se va a generar una sensación de miedo o temor a nosotros que no beneficia a ninguna de las partes.

Sermonear

«Es tu responsabilidad que hagas tus tareas , es la obligación que tienes que cumplir»

¿Sabes lo que escucha tu hijo cuando le sueltas un sermón de media hora explicándole cuáles son sus obligaciones en esta vida? Bla, bla, bla, bla ,bla…

Hacer monólogos puede resultar tentador, pero como estrategia de comunicación no es demasiado eficiente. Al contrario, puedes aumentar la presión o crear un sentimiento de culpa que quizá ese niño no esté preparado para gestionar.

la comunicación entre abuelos y nietos puede ser enriquecedora
Foto de Andrea Piacquadio en Pexels

Persuadir con lógica

«Las tareas son necesarias para que puedas estudiar, tener un trabajo, ganarte la vida…»

En este caso el niño sabe perfectamente por qué tiene que hacer sus tareas y si no las ha hecho no es por desconocimiento. No necesita que le expliques ni convenzas, necesita que le ayudes a resolver su problema, cualquiera que sea.

Como contrapartida solo vamos a obtener una retahíla de contrargumentos y ninguna solución.

Aconsejar

«Lo que tienes que hacer es organizarte mejor, yo en tu lugar haría…»

Cuando damos un consejo a nuestros hijos lo estamos haciendo con la mejor de nuestras intenciones y con todo nuestro amor…pero es inútil. Primero porque en el 99% de las ocasiones no nos lo han pedido y no les interesa lo más mínimo lo que haríamos nosotros en su situación. Y segundo porque seguramente no tenemos ni idea de lo que está pasando realmente.

Puede que el niño no haya entregado las tareas porque no las entienda, o porque tenga un problema con sus compañeros, o por un millón de causas distintas a que no se sepa organizar. Dar un consejo sin conocer el motivo del problema no tiene sentido.

Así que los consejos, solo cuando nos los pidan.

Consolar

«Bueno, no te preocupes, no pasa nada, son cosas sin importancia, hay problemas mayores»

¿Hemos dicho ya que detrás de un mal comportamiento hay un problema o una necesidad sin cubrir? Si no lo hemos dicho, lo digo ahora.

Si ignoramos o quitamos importancia a lo que les sucede a nuestros hijos les estamos enviando el mensaje de que no nos importan y que tenemos cosas más interesantes de las que ocuparnos.

a veces es difícil comunicarnos con los adolescentes
Foto de Polina Zimmerman en Pexels

Aprobar, alabar

«Tu has hecho lo que tenías que hacer, seguro que el profesor te tiene manía»

Ignorar que nuestros hijos se equivocan es un tremendo error y un flaco favor para su futuro. Alabar constantemente su conducta impide que aprendan a resolver problemas y manejar la frustración.

Juzgar o criticar

«Se te da fatal estudiar , así no vas a aprobar nunca»

Si el objetivo es hacer sentir al niño inferior, menospreciado o incapaz, esta es la estrategia ideal. Pero como lo que queremos es comunicarnos de manera eficiente y resolver conflictos, nunca más volveremos a juzgar ni criticar a nuestros hijos. Poner etiquetas a los niños es totalmente desaconsejado.

Insultar

«Ya sabía yo que eres un vago y un idiota»

Nada, absolutamente nada, puede demoler más la autoestima de un niño o adolescente que un insulto de su padre o madre. Somos su referencia, insultarles es lo peor que podemos hacer.

los obstáculos a la comunicación separan a las personas
Imagen de 晓强 付 en Pixabay

Interpretar

«A ti lo que te pasa es que quieres fastidiarnos y llamar la atención. Estás buscando que te expulsen del colegio»

Montarnos nuestra propia película en la que (por supuesto) nosotros tenemos la razón y lo sabemos todo, nos aleja de cualquier posibilidad de comunicación y, sobre todo, de nuestros hijos. Antes de sacar conclusiones equivocadas es mejor callarse y escuchar.

Interrogar

«¿Por qué no has hecho tus tareas?¿Desde cuándo no las haces? ¿Por qué no nos has dicho nada?»

A nadie le gusta que le sienten en un banquillo de los acusados y le bombardeen a preguntas. Nos hace sentir incómodos, ponernos a la defensiva y cerrarnos en banda al diálogo. Justo lo contrario de lo que queremos.

Ironizar o hacer burla

«A ver, ¿que le pasa ahora al señorito? ¿es un bebé que necesita ayuda para todo?»

Este tipo de comentarios son totalmente irrespetuosos con el niño y van a conseguir que no confíe en nosotros lo más mínimo. Además, cada vez se alejará más y la comunicación terminará por desaparecer.

la comunicación no violenta mejora las relaciones afectivas
Fotp de Gustavo Fring en Pexels

Por desgracia, muchos de estos obstáculos aparecen de manera inconsciente en nuestra manera habitual de comunicarnos. Hemos aprendido a educar de esta manera y no nos damos cuenta de que suponen una barrera para el entendimiento.

La crianza respetuosa requiere de un esfuerzo y un ejercicio para cambiar la manera en la que tradicionalmente actuamos, pero los resultados de ese cambio merecen enormemente la pena.

En las próximas semanas veremos cómo podemos empezar a practicar la comunicación no violenta. Así que, ¡muy atentos!

¿Te has sentido identificado/a con alguno de estos obstáculos? ¿Te sientes con el valor y las ganas de cambiar tu manera de comunicarte con tus hijos o tu pareja? Te leo en comentarios. Mil gracias por estar ahí.

La crianza respetuosa requiere de un esfuerzo y un ejercicio para cambiar la manera en la que tradicionalmente actuamos, pero los resultados de ese cambio merecen enormemente la pena. Clic para tuitear

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